Palabras del Dr. Francisco Kerdel Vegas

“La ausencia de ese gran venezolano -sobre todo entusiasta y franco- el doctor Alberto Guinand Baldó, le va a restar mucho al necesario colorido de esta narrativa, amén de que mi memoria cada día pierde la tan necesaria nitidez y precisión, pero la insistencia de Oscar Antonio Klemprer y de mi sobrino Carlos Rivas Kerdel y la lealtad con la institución que ayudé a crear -el Centro Médico Docente La Trinidad- me obligan moralmente a hacer este esfuerzo nemotécnico, escrito de memoria, para relatarles lo que buenamente recuerdo después de medio siglo.

Mi proximidad familiar con Edgar Chiossone Lares (estaba casado con mi hermana Lillian) y el hecho de que en ese entonces trabajábamos bajo un mismo techo, ya que a su regreso de especializarse como otorrinolaringólogo en los Estados Unidos (New York y Los Ángeles), tenía espacio para él en mi nuevo consultorio de Chuao (el Centro Dermatológico), me dieron amplia oportunidad para conversar sobre la posibilidad de establecer en Caracas un nuevo hospital privado para incorporar muchas de las ideas que habíamos aprendido en los Estados Unidos, durante nuestra formación como especialistas y que juzgábamos indispensables para el futuro de la medicina nacional.  Era bastante evidente que después de la II Guerra Mundial, los norteamericanos reemplazaban gradual pero inexorablemente la penetrante influencia francesa (parisina) de nuestra forma de entender y practicar la medicina, y que esa compleja tarea necesariamente había recaído en nuestros hombros, como la generación que cambió a Francia por los Estados Unidos como la Meca de sus ideales, consecuencia lógica de la importancia que adquirió la primera potencia del mundo después de la victoria aliada.

De estas conversaciones surgió la idea -de Edgar- de incorporar a Alberto Guinand Baldó, quien era de su misma promoción y se había especializado en cardiología en Boston. En estas reuniones posteriores de los tres nos pusimos de acuerdo en la estrategia a seguir:

  1. Diseñar un proyecto ambicioso que integrara un esfuerzo destinado a establecer un gran centro asistencial (hospital y consultas externas) sin fines de lucro para pacientes que pudiesen pagar los costos y honorarios profesionales e igualmente para quienes careciesen de medios económicos, donde se impartiese docencia, para que eventualmente pudiese ser la sede de una escuela de medicina privada, con posibilidades para desarrollar múltiples proyectos de investigación clínica, y localizado en el área metropolitana de Caracas.
  2. Obtener el apoyo y respaldo de una institución universitaria privada. En aquel entonces tal propósito tenía al nacer nombre y apellido, ya que necesariamente teníamos que entrar en contacto con la única universidad privada existente, la Universidad Católica Andrés Bello. Lo que se hizo a través de su Rector, el respetado y muy recordado Padre Carlos Reyna, s.j. El proyecto fue conocido y respaldado por el Arzobispo de Caracas, Cardenal José Humberto Quintero.
  3. Identificar un médico joven, que tuviese la formación, capacidad y contactos necesarios para liderar el proyecto.  No fue difícil centrar nuestra atención en el doctor Pablo Pulido, hijo del Dr. Manuel Antonio Pulido, graduado de médico en la Universidad Autónoma de México, especializado en los Estados Unidos, casado con Luis Elena Mendoza y por lo tanto hijo político de don Eugenio Mendoza Goiticoa, exitoso empresario y filántropo, cuyo apoyo iba a ser fundamental para este proyecto en incubación. Desde ese entonces el Dr. Pulido ha dedicado el mejor de sus esfuerzos y gran parte de su tiempo a esta obra que representa un ideal generacional cumplido después de muchos años de trabajo dedicado y generoso.
  4. Gracias a los consejos y asesoramiento del Dr. Pedro González Rincones, tío político de Alberto, entramos en contacto con su sobrina Yvonne González Rincones y su esposo don Carlos Klemprer (padres de Oscar Antonio) y de allí surgió la posibilidad de la donación de las tierras en la nueva urbanización La Trinidad, al sureste de la capital, propiedad de la sucesión del Dr. Rafael González Rincones (hermano de don Pedro), quien las había adquirido de doña Elena Sanabria Toro de Vegas (mi bisabuela).
  5. La urbanización tenía un problema de trámites burocráticos con las autoridades del municipio Sucre y gracias a la intervención de don Eugenio, los concejales amigos tomaron en cuenta la donación de amplios terrenos a una fundación sin fines de lucro para construir un nuevo hospital en la zona de su jurisdicción para destrabar dichos trámites e iniciar el proyecto.
  6. Se instaló una pequeña oficina en el edificio Las Fundaciones en la Avenida Andrés Bello (propiedad de don Eugenio) para la nueva fundación, gerenciada desde entonces por el Dr. Pulido.
  7. Gracias a los contactos y buenos oficios de don Carlos Klemprer, quien se convirtió en padrino del proyecto, se obtuvo una invitación de la gran firma alemana Siemens para visitar hospitales y fábricas de equipos radiológicos en Alemania. Fuimos en esa misión además de don Carlos, los doctores Chiossone, Pulido y quien suscribe.
  8. Se inicia una relación de colaboración con la Universidad de Stanford en Palo Alto, California, gracias a la amistad con el profesor de dermatología de esa institución, Dr. Eugene M. Farber, y se establece la Fundación Orinoco, gerenciada por el Dr. Pulido, para mantener activa esa valiosa cooperación y asesoramiento.

Como es posible entender, por lo arriba escrito, se dieron una serie de circunstancias “providenciales” que permitieron unir esfuerzos para iniciar un proyecto muy ambicioso, cuya culminación tomó muchos años y mucho trabajo. Estoy convencido que la mayoría de los numerosos médicos, auxiliares, enfermeras y los miles de pacientes que concurren hoy diariamente al Centro Médico Docente La Trinidad ignoran por completo el origen de la institución y el enorme esfuerzo necesario para culminar esta gran obra -cuya narración es objeto de otros capítulos- y pienso que es conveniente que dichos esfuerzos y trabajos sean conocidos y apreciados y sobre todo que sirvan de ejemplo a las futuras generaciones que ahora tienen el reto de reconstruir a Venezuela”.

 

Dr. Francisco Kerdel Vegas

22 de junio de 2017