Palabras del Dr. Carlos Guinand Hernández y hermanos
“En nuestra casa hemos crecido y vivido intensamente con el Centro Médico Docente La Trinidad. La vida de nuestro padre, Alberto Guinand Baldó, estuvo envuelta en este maravilloso proyecto desde inicios de 1964, siendo él un médico de apenas 32 años, hasta su muerte en marzo de 2016 cuando contaba con 84 años. Fueron 52 años entregados a aquello que inició como una sencilla reunión entre tres colegas médicos, llenos de sueños y energías, y que terminaría como un centro social de salud y educación de gran magnitud.
En diciembre de 2015, estando nuestro padre bastante enfermo producto de un enfisema pulmonar, pero con total lucidez mental, nos sentamos sus hijos y Carmen Elena, nuestra madre, en la terraza de la Qta. La Tinaja en Los Chorros, nuestro hogar desde 1968, con la finalidad de que nuestro viejo nos contara cómo fueron esos primeros pasos para la creación y fundación del Centro Médico Docente La Trinidad
‘¿Papá, cuéntanos como inició La Trinidad?’ fue la única pregunta que le hicimos sus hijos.
Lo que viene a continuación es la narración de esa conversación (que quedó grabada), donde el Dr. Alberto Guinand con mucho orgullo, pero a la vez mucha humildad, describe con detalles cómo fue la concepción y formalización del proyecto en su primera etapa, entre 1964 y 1965 de lo que luego se llamaría Centro Médico Docente La Trinidad”.
Palabras del Dr. Alberto Guinand Baldó
“Todo comenzó un día equis de 1964, muy al principio de ese año. Edgar Chiossone, Francisco Kerdel Vegas y yo estábamos reunidos, no sé si para algo específicamente, pero recuerdo que hablamos de la importancia que tendría para Venezuela construir una escuela de medicina privada con su hospital docente. Ya te puedes imaginar la magnitud del proyecto.
Para esa época el Hospital Universitario de Caracas y, sobre todo, la UCV misma, estaban encendidos, aquello era una trifulca para entrar y salir.
Nos reunimos y nos dimos cuenta de la necesidad de una escuela de medicina privada y, por lo tanto, de un hospital docente privado. Eso era un plan de envergadura muy difícil de poder llevar a término, necesitábamos una ley de universidades y estar adscritos a una universidad. Por tal motivo, decidimos hacerle una visita al rector de la Universidad Católica Andrés Bello que para ese entonces era el padre Carlos Reyna S.J. No teníamos un proyecto concreto, solo ideas, así que le explicamos nuestros pensamientos. Él nos dijo con toda claridad ‘yo, como rector de la universidad, muy probablemente pueda apoyarlos desde el punto de vista académico, pero con una condición: ni un centavo podemos dar’.
Efectivamente, no le faltaba razón. Primero, la inversión era inmensa; segundo, la Universidad Católica en el año 64 todavía estaba en plena construcción y consolidación de sus escuelas y facultades que ya tenían planificadas, pero teníamos por lo menos el apoyo nominal de esta casa de estudios, hasta el punto de que después de eso, por mucho tiempo, el rector o quien él nombrara de la UCAB formaba parte de nuestra junta directiva una vez constituida la Asociación Civil.
Entre los tres (Chiossone, Kerdel y Guinand) decidimos que para llevar a cabo esto teníamos que dedicarnos a escribir el proyecto: las razones, los lineamientos, los fines, los objetivos, etc. Inclusive, también, los estatutos para formalizar una Asociación Civil sin Fines de Lucro, y para todo ese trabajo se necesitaba que dedicáramos tiempo. A todos se nos complicaba porque teníamos que repartir nuestro tiempo entre el hospital y la consulta privada. Al final, yo les propuse pedir un permiso a la Universidad Central de Venezuela, donde era docente, y me dieron lo que se llamaba una excedencia activa, eso era un permiso no remunerado, pero donde conservabas tu saldo de antigüedad. Este permiso debía convenirse entre la UCV y una empresa o cualquier otra universidad, se hizo entonces un contrato entre la UCV y la UCAB, es decir, yo quedaba a la orden de la Católica con un permiso de la Universidad Central.
Es en este punto donde aquella conversación al aire entre tres colegas, con una vaga idea para crear un centro hospitalario adjunto a una universidad privada, empieza a tomar forma.

