Conoce los riesgos de los excesos en la higiene íntima femenina

En la higiene genital femenina los excesos son agresivos. La búsqueda de una limpieza extrema a través de la depilación y el uso de duchas vaginales, desodorantes o jabones con sustancias irritativas puede ser contraproducente

El vello púbico, independientemente de ser agradable a la vista o no, tiene un rol protector. Aunque buena parte de la población femenina considere que la depilación genital es fundamental para lucir más sensuales y estéticas, la realidad es que esta práctica podría dejar secuelas. El vello púbico retiene el sudor y otros fluidos, lo cual mantiene el área genital más fresca, disminuye la humedad y el riesgo de infecciones. Si bien no hay ninguna investigación que contraindique de forma absoluta la depilación, sí existen recomendaciones para moderar esta práctica. “Lo ideal es recortarlos y no quitarlos en su totalidad, ya que el vello púbico evita posibles irritaciones por la toalla sanitaria o ropa interior ajustada, e interviene en la disminución de infecciones por hongos”, afirma el doctor Ángel Millán, especialista en ginecología y obstetricia del Centro Médico Docente La Trinidad.

En cuanto a la higiene, es preciso saber que sólo el área externa amerita limpieza con agua y jabón. La zona genital de la mujer asemeja un sistema de compuertas de contención cuya función es evitar que líquidos o sustancias externas entren a la mucosa, que es rosada. La vulva tiene piel en los labios mayores y en parte de los labios menores, área en la cual se puede usar jabón; sin embargo, cuando alguna de las sustancias limpiadoras entra en contacto con la mucosa rosada, ocurre una irritación, pues esta zona carece de la protección que confiere la queratina presente en la piel.

Los llamados productos de “higiene íntima” incluyen indicaciones en las que pocas mujeres reparan: “sólo de uso externo”. El área externa incluye los labios mayores y las caras externas de los labios menores, no la mucosa interior. Las mujeres en extremo preocupadas por la higiene utilizan excesivamente productos con químicos capaces de generar una quemadura crónica en la entrada de la vagina, lo cual podría hacer que el inicio de la penetración en las  relaciones sexuales sea doloroso y molesto. Otro riesgo es la posibilidad de infecciones por irritación debido a las sustancias en el área por donde sale la orina, en el meato uretral, y sensación de resequedad sobre todo al lavarse más hacia la parte de la vagina.

La naturaleza ha diseñado de manera interesante (y no casual) a la vagina, cuya morfología es cerrada. “Los labios mayores comprimen a los labios menores cual sistema de compuertas que permiten salir la menstruación o el flujo durante la ovulación, pero no deja entrar agua, ni siquiera al sumergirse en el mar”, describe Millán. Hay quienes se preguntan si la proximidad entre la vagina y el ano podría generar infecciones: no es así, gracias al sistema de defensa. Equivocadamente, muchas madres insisten en que las niñas deben lavarse constantemente para evitar infecciones genitales, cuando realmente son las mismas sustancias limpiadoras las que crean esta predisposición. “En consulta vemos niñas con flujo de causa desconocida y es porque usan algún producto que las irrita”, dice Millán, quien agrega que es importante enseñarles a limpiarse de adelante hacia atrás cuando van al baño como medida de prevención.          

ANATOMÍA PROTECTORA

Los genitales tienen cinco medios de defensa, incluyendo la vulva y la vagina. Primeramente los labios mayores que, al comprimir a los labios menores, dejan hermética a la vulva. Por eso, la mujer debe aplicar jabón en el área del vello, esté rasurado o no. Es allí donde están los folículos pilosos y las glándulas sebáceas y sudoríparas que pudieran dar mal olor. En los labios mayores y en la zona externa de los labios menores el jabón no causará problemas. Es preferible aplicarlo estando de pie, pues el sistema de cierre estará completamente funcional. No se deben introducir los dedos tratando de limpiar un poco más adentro. Otra cosa diferente es el aseo del ano, porque el esfínter es muy resistente y es posible aplicar jabón sin lesionar.

La limpieza debería hacerse solamente con agua filtrada y hervida, evitando que el jabón penetre. No se recomienda usar el bidet, ya que puede violentar y conducir a infecciones debido a la presión del chorro, sumado a la posible contaminación del agua. Si se usan duchas de pared, se debe rociar el agua en los vellos púbicos y dejar que corra.

La  primera protección son los labios mayores que con los folículos pilosos permiten que los líquidos se deslicen lejos de la vulva y mantengan la zona algo más fresca. “La segunda protección son los labios menores, que se cierran uno contra otro permitiendo salir la menstruación, pero impidiendo la entrada de líquidos. Éstos no deben forzarse con los dedos ni usar la ducha o el bidet para llegar más adentro”, explica Millán.

El himen es la tercera protección, siendo una membrana que aunque se desgarre por las relaciones sexuales no desaparece y sigue ejerciendo la función de compuerta, evitando incluso que al momento de orinar los fluidos entren a la vagina.

La elasticidad de la vagina es otro factor protector. En reposo, la vagina se adhiere a la pared anterior impidiendo la entrada de líquidos y durante las relaciones sexuales se amplia y cierra de nuevo. Con ese mecanismo de movimientos, los líquidos que entran son expulsados por la vagina como sucede luego de la relación sexual, al expulsar el semen sin necesidad de lavados.

El flujo vaginal, rico en bacterias protectoras, también resguarda a la vagina de posibles infecciones, con una función similar a la del flujo nasal, las lágrimas o la saliva.

Cualquier irritación o mal olor en la vagina debe alertar sobre una infección que no ha de ser tratada con lavados domésticos sino consultando al ginecólogo, quien podría indicar tratamiento con antibióticos. Se debe erradicar la práctica de exacerbar la frecuencia e intensidad de la higiene frente a un flujo vaginal abundante o de mal olor, lo cual lejos de solucionar podría agravar el problema.

Blanca García Bocaranda
CNP 620
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