PADRES PRIMERIZOS:
Bienvenidos a los temidos 2 años del bebé

Todos los niños son angelicales y hermosos a esa edad, pero con frecuencia son también especialmente revoltosos. No es casual que las mamás con experiencia se refieren a los “terribles 2 años”. Todo es natural y propio de la edad y para superar con alegría esos meses la recomendación es paciencia y tolerancia.

Es la edad promedio en que comenzamos a ponerle límites al bebé e inicia su socialización. Cuando  inician sus primeros pasos lógicamente nos dedicamos 100% al niño y somos consentidores porque los tenemos que alimentar, cambiar, entretener. La vida gira a su alrededor. En esos meses, paralelamente, empieza a comprender mejor, inicia el proceso de socialización y es cuando comenzamos a decirle NO a muchas de sus conductas o demandas, por lo tanto pasa de ser el “rey del universo” a ser una personita que debe hacer caso a otros “reyes” que son los papás.

La descripción la ofrece la licenciada Zoraide Lugli, de la Unidad de Conducta y Desarrollo (Servicio de Neuropediatría) del Centro Médico Docente La Trinidad, quien afirma que “en ese proceso se vuelven terribles porque están acostumbrados a que se haga lo que ellos quieren y se dan cuenta de que ahora sí les ponen límites. Es cuando los padres deben enseñarles que quienes saben lo que es bueno o malo son ellos, así, el niño asume que el mundo es seguro porque tiene un papá y una mamá que reconocen lo que es conveniente para él. Así, cuando llegue a los 4 o 6 años será obediente y no problemático.

Muchos se preguntan si el niño sabe diferenciar cuando le están dando una orden con carácter (“bájate de ahí, mi amor”) o cuando se le ofrece una nalgada (“bájate porque te pego”). ¿Se debe dar una voz de orden o razonarle la situación?

Indica Lugli que a esa edad no se les razona porque aún no tienen la capacidad cognitiva para sacar conclusiones, es el momento para que seamos “actores” porque al darle una orden seria, no agresiva ni amenazante, hacemos una demostración de autoridad que es lo que hará que obedezca. Les vemos hacer cosas que más bien son divertidas, pero no podemos reírnos: es cuando debemos asumir una actitud seria para que el niño no repita lo que está haciendo y comience a discriminar por las reacciones de los padres o abuelos lo que está bien o mal. A esa edad no pueden anticipar consecuencias (“si hago esto me pasará esto”) pues aún no ha alcanzado su madurez cognitiva.

¿TERRIBLE O HIPERQUINÉTICO?

No es fácil detectar si se trata de una conducta propia de la edad o hay algo más detrás de esa respuesta. En general, a los 2 años todos son hiperquinéticos, intranquilos, curiosos, inquietos. No va a obedecer fácilmente y al estar en la etapa de exploración es común que no hagan caso. Si las conductas están incrementadas, hay una actividad excesiva que no le permite centrarse en los juguetes por un tiempo o es un niño que en ningún momento hace caso, podemos sospechar la presencia de otro tipo de problemas, caso en el cual hay que recurrir a especialistas: si es una dificultad de comprensión se debe ir a terapia de lenguaje, si es un problema de hiperactividad trabajamos conjuntamente con neuropediatría. Si las conductas son como las descritas, debemos observar con cuidado si el problema es de autoridad, disciplina o conductual (papás permisivos o que castigan en exageración producto de una incapacidad para poner límites).

El divorcio es otro aspecto importante en el que es determinante cómo manejen la situación los padres. Si entienden que hay paternidad compartida, indistintamente de que la relación de pareja se terminó, no tendría porque ser un proceso traumático. Entender la paternidad compartida es saber manejar al niño de la misma manera en las dos casas donde estará. Mantendrán uniformidad en las disciplinas, las normas, las horas de acostarse, lo que debe comer, etc.

MANEJO PROFESIONAL

En la Unidad de Conducta y Desarrollo las especialistas conocemos al niño y entrevistamos a los padres”, dice Lugli. “La evaluación del niño es con juegos, vemos la interacción con los papás para determinar si responde o no a las medidas puntuales. Unas veces soy súper cariñosa y me emociono con ellos, en otros momentos les pongo límites a ver si hacen berrinches, si obedecen, si responden o no al cambio de carácter. Con lo que dicen los papás y lo que yo observo hago el trabajo para orientarlos, bien sea conductualmente o referirlos a otro especialista, porque pudiera haber un problema de base que no es el conductual”, señala.

INDESEABLES BERRINCHES

Esa penosa manifestación a esa edad es normal, como parte de un intento del niño por recuperar su dominio. El problema es que si se le hace caso a su exigencia, el niño aprende que siendo agresivo, revoltoso, tirando cosas en el piso, pegándole a papá o mamá consigue lo que quiere. Le dieron el dulce, le permitieron que se montara sobre la mesa. Si su conducta agresiva tuvo una consecuencia positiva seguro que la repetirá. Si los papás lo ignoran o lo sientan en una silla y le dicen que NO es NO a pesar del berrinche que hace, el niño concluirá en no hacerlo más  porque no le funciona. En otras palabras, la conducta deja de tener efecto.

NALGADA OPORTUNA

Muchas veces la nalgada es la reacción de los padres en un momento de desesperación o impotencia ante determinada circunstancia de malcriadez; sin embargo, le están enseñando a ser agresivo porque controlan una agresión con otra. “En momentos muy extremos una nalgada suave y una cara seria pueden resolver el problema. Sólo en ocasiones, frente a acciones que pongan en peligro al niño, como treparse a una ventana”, destaca Lugli. Como estrategia diaria no se recomienda, pues se trata de controlar agresividad con más agresividad. El día de mañana, el niño aplicará esta fórmula para lograr sus deseos.

Los padres han de saber que cometerán errores y darán una nalgada cuando no deben, lo cual no les  hace padres crueles. Tomemos en cuenta de manera humana que a veces estamos con dolor de cabeza, estresados o deprimidos. Nunca habrá un manejo perfecto de los hijos, ni que sean padres psicólogos.

CAMBIO DE CONDUCTA

Los niños se sosiegan en cuanto los padres aprenden a   manejar las situaciones y les enseñan el proceso de socialización  de una manera adecuada, con un comportamiento  capaz de  demostrarles que quienes tienen la razón son los padres.

El maestro o tutor en las guarderías deberá estar entrenado para saber manejar los berrinches o cualquier otra conducta, pero si los padres lo saben hacer bien en casa no tendría que ser mejor un niño que va a la guardería que aquel que está todo el día con la abuela. Lo que vale es que todos los adultos tengan la misma filosofía de crianza adecuada. No obstante, los niños siempre se benefician de ser parte de un grupo en el colegio. Al estar escolarizados compartirán con sus pares en diversos ambientes y  lo atenderán  diferentes adultos. Dejará de ser el centro del universo y eso lo ayudará a saber que no es quien manda.

Es bueno resaltar que quienes dan las órdenes son los adultos. El niño no sabe aún lo que es bueno o malo, por lo tanto debe tener claro que los adultos son quienes mandan para que conozca las diferencias. Así, cuando esté grande, pueda tomar decisiones acertadas.

Desobediencia, berrinches, agresiones y no hacer caso con facilidad son comportamientos comunes a los 2 años; sin embargo, no deberían funcionarle para que a los 6 años no sea el niño terrible que grita a los papás, es grosero y no hace caso. La idea es marcar los límites en el momento justo para que aprenda y el día de mañana sea más fácil decirle que no.

Blanca García Bocaranda
CNP 620
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